Morrissey, antes vocalista de la banda ochentera The Smiths, tiene una canción titulada America is not world. Escrita hace algunos años, tiene un par de versos que leen:
In America, the land of the free, they said. And of opportunity, in a just and a truthful way. But where the President, is never black, female or gay, and until that day, you've got nothing to say to me, to help me believe.
Traduciéndolo libremente dice: En América, la tierra de la libertad, dicen. Y de la oportunidad, justa y verdadera. Pero donde el presidente nunca sea negro, mujer o gay, hasta ese día nada me pueden decir, para ayudarme a creer.
Ayer, rumbo a San Diego, la canción tomó relevancia durante la charla del trayecto. Es curioso, pensé, que los presidenciables demócratas, Obama y Clinton, sean justamente alguien de color y una mujer. Y su opuesto, McCain, represente al típico anglosajón protestante. El cuadro de las elecciones en Estados Unidos resulta una imagen muy curiosa; imagen que yo no esperaba ver pronto en aquel país. Como bandera mundial de la democracia, las minorías tiene cada vez mayor representación en los escaños más altos del poder. Creo que hace 10 años no se vislumbraba un cambio tan radical en las decisiones del electorado. La crisis financiera, que no es más que una crisis de credibilidad, se refleja de forma tajante en los presidenciables: los norteamericanos necesitan un cambio. Exigen un cambio. Pero un cambio fuerte y radical.
Este cambio no sólo deberá reflejarse en la economía interna, en la postura sobre la guerra o en la forma de administrar al país. Este cambio debe reflejarse en la percepción que el mundo tiene de los Estados Unidos. Su imagen se deteriora cada día más. Los inversionistas se van a países más baratos. Sus propios ciudadanos se desencantan del líder de la Misión cumplida y de la pérdida del poder adquisitivo. El país entero, la comunidad internacional, exige que el líder del mundo libre lo siga siendo.
Elegir a un líder de color, o elegir a una mujer como presidente de los Estados Unidos es, ciertamente, un cambio radical. Desde el 30 de abril de 1789, con George Washington, la oficina oval ha sido ocupado por hombres blancos y, 219 años después, EEUU cree estar preparado para cambiar esa historia. La pregunta es, planteada no por mi, sino por mi compañero de viaje, fue esta: ¿Quién se merece, entonces, esa oportunidad? ¿Una mujer o un hombre color?
La respuesta me tiene en suspenso desde entonces.
MarvinDurán.com.mx