Este mundo inevitablemente globalizado y extremadamente veloz que nos toca vivir, sin duda, nos pone a pensar que ante una adversidad de la vida, cualquiera sea su calibre, llega a invadirnos la falta de motivación para seguir haciendo las tareas normales que veníamos practicando, es entonces cuando le damos valor real a lo que nos parece sólo una falta momentánea de ánimo y comprendemos que es mejor actuar con celeridad a corto plazo, que arrepentirnos en términos más prolongados, cuando ya el daño nos muestre ‘acuse de recibo’.
Este estado de desmotivación requiere de análisis profundos para detectar, y en su caso, corregir esta situación. Las empresas saben que una relación laboral ‘desmotivada’ conduce inevitablemente a confusiones en la planta productiva y por ende, menor efectividad en lo que se emprenda.
Hoy en esta página, me cabe el honor de compartir con ustedes a mi invitado, el Lic. Gonzalo Nochebuena que nos ilustra sobre este urticante tema de la desmotivación y explica con claridad porque es una práctica común.
Una preocupación latente de todo empresario es mantener motivados a sus empleados, para mejorar las ventas y obtener mejores utilidades. Para ello crean un sinnúmero de incentivos y ofrecen una serie de promesas como; Asociarlos, Viajes, Autos, becas para sus hijos entre otros. El empleado esta “tan cansado” de promesas que ya ninguna cree y solo se concreta hacer lo que le piden, reservándose para sí su capital intelectual (Iniciativa, Disposición, Creatividad).
Es este capital con el que desean contar los patrones, pero resulta que muchas veces las promesas incumplidas y la falta de tacto en el trato a los empleados hace que la empresa no goce de tan preciado valor humano.
A veces los patrones nos preguntan porque el empleado se lo niegan, y la contestación es: Los empleados no se lo niegan, es UD. quien se lo niega. ¡Como que yo me lo niego!, pues si, y esto se debe que UD. considera mas importante el aspecto “Material” que el espiritual y es ahí donde los Premios e incentivos se pierden y los resultados que se esperan son relativos.
Y esto se debe que los patrones y jefes le dan poca importancia a las palabras y actitudes, ignorando que la palabra no tiene poder, “la palabra es poder”. He aquí una serie de palabras y actitudes que desmotivan continuamente la unidad y armonía de los equipos de trabajo.
LA DOCENA SUCIA
1.- Ordenar, dirigir, mandar, imponer. “Tu debes….”, “tu tienes que….”
Reacción: Tales conductas pueden originar susto, miedo, bien resistencia, rebeldía y reto. A radien le gusta que le ordenen o le manden, por eso también se produce resentimiento. Tales conductas pueden romper cualquier comunicación posterior de parte de otro, o provocar una comunicación defensiva o negativa.
A menudo los individuos se sienten rechazados si sus necesidades personales han sido ignoradas; y se siente humillado si tales conductas se dan delante de los demás.
2.- Amonestar, Amenazar...“Si no haces….entonces...”
Son conductas de Ordenar, Dirigir…., excepto que en éstas se añade la amenaza de usar el poder.
Reacción: Invita a dar una prueba, o a lanzar un desafío. Puede lograr que otro obedezca, pero será solamente por temor. Como en el caso anterior puede resultar resentimiento, coraje, resistencia y rebeldía.
3.- Moralizar, sermonear, crear obligación.
“Tu debías..., tu deberías…, esa es tu obligación…, esa es tu responsabilidad…” Conductas semejantes a la de dirigir y ordenar, excepto que se insiste en la “obligación” y en cierta vaga autoridad externa. Su intención es que el otro se sienta culpable o atado y obligado.
Reacción: Las personas sienten la presión de tales mensajes y frecuentemente se resisten y se desentienden. Tales mensajes les comunican una falta de confianza: “Tu no eres suficiente inteligente”, o bien, “No eres responsable”. Quieren imponer una autoridad externa. La gente a menudo responde con “¿Quién dice que yo debo de…?”, o “¿Por qué yo debo de…?”
4.-Aconsejar, dar soluciones: “Lo que yo haría en tu caso... “¿Por que tú no….? “ “Yo te aseguro que…” “Sería mejor para ti que...”
Reacción: No es verdad que la gente siempre quiere un consejo. El consejo, la advertencia, implican “superioridad” y pueden provocar que el otro se sienta inadecuado e inferior. Se suele reponer a la advertencia y al consejo con resistencia y rebeldía: “Yo no quiero que me digas lo que tengo que hacer”. Aun los niños a menudo se resienten por las sugerencias de los adultos: “Deja que piense yo solo”. Por otra parte, el no seguir el consejo de adultos puede provocar en los niños que se sientan culpables. Si el consejo de otros no parece sensato, el interesado tendrá que argüir en contra y dedicar tiempo a esto, en lugar de pensar en encontrar sus propias soluciones. El consejo puede hacer al otro un ser dependiente, no promueve su propio pensamiento creativo. El interesado puede simplemente responder con el sentimiento de que el otro no lo entiende: “Cómo puedes sugerir eso; tú no sabes lo asustado que estoy”. También puede responder: “Cuando yo quiera un consejo tuyo, yo te lo pediré”. Si el consejo es erróneo, el otro tiene que asumir la responsabilidad o evadirla: “El me lo aconsejo; ésta no era mi idea o mi intención”.
5.- Persuadir con lógica, argüir, dar cátedra. “ No te das cuenta...?” “Mira que estás en un error”, “Los hechos son que…”, “Sí, pero debes entender que…”
Reacción: Tales conductas provocan defensividad y a menudo causan una contra-argumentación. También pueden provocar que el otro se sienta inferior debido a que implican la superioridad del que arguye. La persuasión frecuentemente hace que el otro defienda su propia posición con mayor fuerza y que pueda sentir: “Tú siempre piensas que tú tienes la razón”. El hecho de tener la lógica de nuestro lado no siempre trae consigo una mayor obediencia o un asentimiento de los demás. El sentimiento que a menudo se provoca es: “El hace que me sienta tonto”.
6.- Juzgar, criticar, censurar. “Tú eres malo…” Como eres tan flojo…”, “Estas actuando como loco”.
Reacción: Más que cualquier otro tipo de mensaje, éste hace que la otra persona se sienta incómoda, inferior, incompetente, mala, tonta. También puede hacerla sentir culpable. A menudo responde defensivamente; a nadie le gusta estar equivocado. Este tipo de evolución rompe la comunicación: “Si voy a ser juzgado, no le voy a decir lo que siento”. En el caso de niños, por el tamaño Psicológico y la edad de los adultos, los hijos aceptan tales juicios como si fueran un dogma: “Yo soy muy malo”. La evolución de los adultos produce y configura el autoconcepto y la autoimagen para su vida posterior: “Yo no soy bonita”. Otra respuesta de los niños a estas conductas de los adultos es que ellos empiezan a evaluar a los padres.
7.- Alabar, aprobar, evaluar positivamente. “Tú eres muy bueno”, “Tú has hecho muy bien el trabajo, “este es un dibujo muy bueno”, “yo te apruebo”, “así es como debes actuar”.
Reacción: El evaluar y alabar positivamente no siempre puede tener efectos que suponemos. Si se evalúa siempre positivamente, el otro deduce que también se le puede evaluar negativamente. Por tanto la ausencia de juicio positivo en una situación particular puede interpretarla como un juicio negativo: “Tú no has dicho nada de mi trabajo hoy; seguro que no te gusta”. También una evaluación positiva que no corresponda con la propia evolución del otro puede ser amenazante para él, o percibida como falsa. A menudo el otro siente las alabanzas como manipulaciones: “Me estás diciendo eso para hacer que yo trabaje más”. La alabanza a menudo detiene la comunicación de parte del otro: “Ustedes no entienden cómo me siento”. Además, la alabanza clasifica a quienes la conceden como “seres superiores”; el derecho de evaluar al otro implica que ellos saben lo que es bueno o malo.
8.- Ridiculizar, avergonzar. “Eres un niño todavía, “idiota”, “lo que mande el señor”.
Reacción: Tales mensajes tienen un efecto devastador: destruyen la imagen que tiene el otro de sí mismo. Pueden hacer que la persona se sienta sin dignidad, mala, abandonada y rechazada.
Una respuesta frecuente a tales mensajes es dar la espalda, física o moralmente a quien los emite: “Y tú eres un regañón”, “mira quién lo dice”, “al fin me voy a ir de aquí”.
9.- Interpretar, analizar, diagnosticar. “Lo que tu necesitas es...”, “en lo que estás equivocado es…”, “estás tratando de llamar la atención...”, “tú realmente quieres decir que…”, “yo sé lo que tú necesitas…”, “tu problema es…”.
Reacción: Decirle a otro qué es lo que realmente está sintiendo, cuáles son sus verdaderos motivos o por qué está actuando en tal forma, puede ser muy amenazante: “El siempre piensa que sabe lo que estoy sintiendo”. Hacer el papel de psicoanalista con los demás es peligroso y frustrante para ellos. Si el análisis es erróneo, el otro se resiste; si es correcto, se sentirá expuesto públicamente, desnudo, atrapado. El mensaje: “Yo-se-lo-que-tú-necesitas”, implica que se es superior, se sabe más que el otro. La gente se vuelve resentida y colérica cuando otro interpreta sus motivos y sus pensamientos. Las interpretaciones frenan la comunicación, ya que desaniman al otro a expresar más de sí mismo.
10.- Consolar, amparar, alentar. “Vamos, eso no es tan malo…”, “no te preocupes, te sentirás mejor...”, “tu problema se va a resolver por sí solo”.
Reacción: Paradójicamente también estos mensajes pueden tener efectos negativos. Reforzar a otro puede hacerle sentir que no se le comprende: “Sí, para ti es fácil decir eso, pero tú no sabes cómo tengo miedo”. Los mensajes de amparo y sostén pueden también decirle al otro: “No te quiero débil o inadecuado. Yo no puedo aceptar tales sentimientos”. Si las cosas no cambian favorablemente para la persona, entonces se puede sentir resentida hacia los alientos del otro por engañarlo. Decirle a una muchacha que se siente que no es muy atractiva para los muchachos, que realmente es muy guapa, puede provocar fuertes sentimientos de hostilidad; incluso puede hacerle perder la confianza en el otro: “Tú estás diciendo eso sólo para que me sienta mejor; pero no eres sincero”.
11.- Preguntar, interrogar, sondear. “¿Por qué...?¨, “¿Quién…?”, “¿dónde...?”, “¿cómo…?”
Reacción: La respuesta de las personas al sondeo, es a menudo sentirse defensivas o “en el banquillo de los acusados”. Muchas preguntas son amenazantes porque el sujeto no sabe por qué lo están interrogando. “A dónde me estás llevando”. Siente que el interrogador es un entrometido, un “metiche”. El preguntar puede comunicar una falta de confianza, sospecha o duda acerca de la habilidad del otro: “Tú no necesitas preguntarme si yo sé la forma, yo ya lo he hecho antes”. Algunas preguntas del tipo de sondeo hacen que la persona sienta que se le orilla para sacar una conclusión en su contra. Cuando alguien hace preguntas, puede implicar que está acumulando información para poder resolver el problema por sí mismo: “Si yo les digo a mis jefes lo que preguntan, entonces yo tendré que escuchar sus respuestas”. Las preguntas restringen drásticamente la cantidad de información que podrían dar los demás si solamente se les animara a que hablaran en forma espontánea.
12.- Distraer, desviar, hacer bromas. “No hablemos de eso en la mesa”, “eso me recuerda…”, “¿por qué no incendias la oficina?”, “te levantaste hoy con el pie izquierdo”.
Reacción: Tales mensajes pueden comunicar al otro que no se está interesado en él, que no se representa sus sentimientos. En general somos muy serios cuando necesitamos hablar de algo personal. Cuando nos responden bromeando, esto puede hacernos sentir heridos o rechazados. Distraer a los demás de sus sentimientos puede aparecer oportuno por el momento, pero los sentimientos no se van. A menudo aparecen más tarde. Los problemas diferidos rara vez son problemas resueltos. Las personas quieren ser escuchadas y comprendidas con respeto. Si se les hace a un lado, aprenden muy pronto a llevar a otro lado sus problemas importantes y a guardarse sus sentimientos.
Estas conductas inadecuadas de comunicación se denominas la “Docena Sucia” y es un estudio desarrollado por el Dr. Thomas Gordon, para descubrir los orígenes de los conflictos que generan frustración y resentimiento.
Moraleja: Hay cosas que el dinero no puede comprar, y una de ellas es el respeto genuino y honesto para otro ser humano.
Cada una de estas actitudes tiene reacciones si deseas conocerlas solicítalas a nuestro correo electrónico y con gusto te las enviamos.
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