“Muchos de nosotros pasamos la mitad de nuestro tiempo deseando cosas que podríamos tener si no nos hubiéramos pasado la mitad de nuestro tiempo deseándolas" (Desconocido)
¿Por qué cuesta tanto trabajo cumplir nuestros propósitos de Año Nuevo? Quizás porque no hay una urgencia en lograrlos, son a veces sólo buenos deseos que se ven lejanos como anhelos mágicos, anhelos vagos tan sólo por la época de optimismo y contagio de buenos deseos, no hay un compromiso real de nuestro interior, más bien son formulados por el entorno, porque todos lo hacen, porque son una costumbre, igual que no cumplirlos. Sin embargo, ya casi a mediados del primer mes del año, cuando casi todas nuestras actividades han vuelto a la normalidad, podemos replantearnos lo que nos gustaría cambiar o mejor aún, lo que hasta hoy no nos está saliendo como quisiéramos, tal vez, antes de hacer algo nuevo sea el momento de dejar de hacer algo que siempre hacemos. Ser como somos aunque no nos tenga satisfechos es un camino en el que nos sentimos seguros, lo hemos recorrido tantas veces... que aunque los resultados no hayan sido gratificantes, sentimos que sabemos manejarlos, pero no hay avance. Sin lugar a dudas una de las características más esplendorosas de estar vivo es la oportunidad de cambiar, de aprender, y si somos constructivos, es decir, positivos -en un proceso inclusive de experimentación-, podemos practicar una nueva manera de ser y disfrutar de los primeros resultados, aun cuando las personas que conocemos se muestren extrañadas de nuestros cambios -a veces no favorablemente- pues la transformación está en nosotros, no en ellos. Podemos explorar lo que se puede cosechar transformándose y considerar si nos resulta cómodo o deseamos explorar nuevas maneras, lo más probable es que en algo que decidamos cambiar no regresemos al origen de como éramos, sino que hasta gocemos de este auto control para estar más plenos con nosotros mismos y emprendamos una interesante búsqueda. Por ejemplo, para dejar de hacer cosas que hasta hoy hemos hecho, podemos empezar con situaciones sencillas y cotidianas, es así como se aprende de manera natural, se camina dando unos pasitos, ¿qué tal no decir malas palabras? Hasta nuestro acervo puede crecer al buscar otras expresiones para comunicarnos, ¿qué tal aprender algo nuevo? Algo que antes creímos que era tarde o una pérdida de tiempo, un deporte, coser, cocinar, algo artístico. Somos tan vitales como nos sentimos, y nunca es tarde, aún el último respiro de nuestra vida debemos aprovecharlo, y seguramente la mayoría de nosotros aún tenemos una esperanza de mucha, mucha vida. En nuestras manos está que los días no sean clones de ayer, y ayer de mañana y así como una repetición mecánica. ¿Qué tal salir a caminar? Sonreír más, saludar a los vecinos, a los compañeros de trabajo, es explorar y si algunas personas no responden la primera vez como quisiéramos, habrá algunos que nos atiendan con amabilidad, y otros tal vez sólo ocupen más tiempo para corresponder. Es casi una ecuación matemática que la cortesía inspira cortesía, además, la base de un cambio personal es que viene desde nuestro interior, no tratamos de controlar la voluntad o respuesta de los demás, sino la nuestra. Estas sencillas actividades, mas las que a cada quien se le puedan ocurrir según su propia historia y necesidades, estimulan convivencia, plenitud, autoconciencia, interés por descubrir, por explorar, ser constructivos. A veces un cambio sencillo lleva a otros, por ejemplo si salimos a caminar con el fin de estar al aire libre, de relajarnos, de escuchar, hace que estemos menos en casa, eso hace que dejemos de comer estando ahí y hasta de ver en la televisión cosas que sólo nos contaminan, como ver la opulencia desmedida de algunos, chismes personales de otros, estar afuera, en un parque o centro deportivo, nos hace asumir nuestra vida. “Si la vida no te responde... hazle otra pregunta”. Anónimo