Mi General Villa, en pleno alarde de una vieja a cada orilla, repetía con sonoro candor: Primero mátalos, después viriguas.
Sabias palabra que, a la sombra del caudillo, han sido llevadas a la práctica en México casi al pie de la letra. Una acusación formal es plena garantía que alguien va a parar al bote, ¿a poco no? Al menos que, claro, se tenga el dinerito para conseguir un amparo. ¿Amparo de qué? Pues de la Ley misma, que condena primero y virigua después.
Afortunadamente, Señores y Señoras del jurado, con la reforma penal aprobada en días pasados por el Pleno del H. Congreso de la Unión, esta figura jurídica desaparece. De acuerdo al artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su
inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en
un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías
necesarias a su defensa.
El artículo 8 de la Convención Americana de Derechos Humanos, también lo señala:
Garantías judiciales [...] Toda persona inculpada de delito
tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca
legalmente su culpabilidad [...]
El promedio de duración de un juicio en México es de 26 meses. Tiempo durante el cual, el inculpado permanece bajo arraigo, previa condición de pobreza que le impide conseguir un amparo. Tenemos las cárceles llenas de acusados de hurtos menores, en buena medida robos por necesidad. Repletas de acusados que, siendo inocentes, esperan su turno al Juez, mientras el abuso y las vejaciones les acaen día con día. Y así, con un "Usted disculpe", si bien les va, los ahora si inocentes salen libres. Suena complicado probar la inocencia propia recluido en el bote verdad. Porque mire usted, que alguien me acuse... bueno. Que yo tenga que probar mi inocencia está de locos. Si alguien acusa es porque tiene pruebas, lo puede demostrar. Porque tiene los pelos en la mano. Simple sentido común que, siendo lo menos común en el mundo, no se aplicaba.
Ahora si que mi General Villa se quedó un poquito corto: Primero viriguas... luego hablamos de la condena.