Por Jaime Duarte
17/04/2008 01:49:00 p.m.
Hace unos días entré a la página www.sedesol.gob.mx de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno federal –dependencia diseñada y comprometida con el desarrollo del sector poblacional más necesitado de México- y me dirigí al link “¿Quiénes somos?”. Empecé a leer con mucho interés lo siguiente: “La visión del desarrollo social de México en el año 2025 guía los esfuerzos de este gobierno y señala características fundamentales del país que se desea construir; esta guía debe ser la base para establecer un compromiso de largo plazo con la sociedad mexicana. Se ha definido un período de 25 años como lapso en el que este ideal puede ser logrado, para lo cual es necesario articular a toda la sociedad en la búsqueda y logro de un efectivo desarrollo social. La visión a la que se aspira se puede sintetizar en que…”. La visión es explicada en tres puntos; después en dos puntos más con 13 ejes rectores se definen los compromisos de SEDESOL en la administración del presidente Calderón. Cabe señalar que este proyecto se inició en el sexenio anterior. Para aquellos que desean un verdadero México mejor y están conscientes del país que es hoy, este proyecto federal será muy interesante y es ampliamente recomendable. Aún no terminaba de leer la visión de SEDESOL cuando inconscientemente hice un “un link mental” y “me fui” a una conversación con mi madre de semanas atrás: Mientras Joaquín López Dóriga narraba la detención de ocho sujetos con un arsenal de armas, cartuchos, droga, efectivo, uniformes, credenciales, radios, teléfonos celulares, etc., lo que vemos a diario por la televisión que estos hampones utilizan, mi progenitora se alegró de verdad por ese hecho y otros anteriores a ese, como confiscaciones de droga y arrestos a más capos. Elogió al presidente y confió en que se “limpiarían” las calles del país para después vivir todos en completa armonía y felicidad. En esto último no estuve de acuerdo con ella y no es que yo sea un pesimista. Entiendo que el combate a la delincuencia organizada es una realidad y ya que “se destapó la cloaca” –me encanta utilizar este término- se debe seguir hasta el final. Pero además existen otras, muchas realidades que también debemos atender urgentemente en este país. No solo enviando a “la sombra” a los malos que agarren in fraganti es como se va a terminar con el cáncer de la delincuencia organizada ya que siempre habrá otros que sustituyan a los primeros, y otros que ocupen el lugar de los segundos, y otros más para las actividades de los terceros, y así, sucesivamente. Sentí mucho en ese momento terminar con la ilusión nocturna de mi madre respecto a un país mejor. Para que comprendiera bien le pedí me ayudara en un ejercicio con los ojos cerrados. Ahora imagínese –le dije-, todos esos ejércitos de vendedores ambulantes que usted ve a diario aquí en Mexicali, o en Tijuana: en los cruces fronterizos, en las banquetas, en los tianguis, en los principales cruceros, los limpiavidrios, los que venden tacos, hotdogs, raspados, frutas, periódicos, en todos lados de estas ciudades; más los que están “guardados” en los centros de rehabilitación y en las cárceles (y muchísimos más que no vemos y necesitan “ser guardados” también). Ahora piense en esa cantidad de gente pero en todas, todas las ciudades del país, más los ambulantes en todas las playas del Pacífico, Golfo de México y Caribe mexicano, más los miles que se van a Estados Unidos cada mes y los millones que ya se fueron, más los miles que “han caído” en el último año en la lucha contra el narco, y todos los “ejecutados” y desaparecidos, más las bandas de secuestradores y roba carros, los dedicados a la piratería, y muchos, millones más que viven la pobreza extrema en pequeñas comunidades de todo el territorio nacional y que son el blanco de SEDESOL. Ahora le pregunto a usted –lector-, lo mismo: ¿Puede usted crear una imagen mental de toda esa gente? Yo lo dudo. Bueno. Entonces déjeme decirle que todos esos millones de mexicanos que hoy viven en la ilegalidad y los que lo hacían pero ya no están porque dejaron el país, fueron en los últimos 10-15-20-25-30-40 años considerados como “el futuro de México.” Por sus padres, por sus maestros durante su corta educación, por sus vecinos, y por quien usted quiera. En algún momento de su infancia seguramente alguien le dijo al “Mochaorejas”: “Mi’jo, tú eres el futuro de México.” También se lo debieron decir a los “peces gordos” y a los de baja categoría que ya están tras las rejas, y a los que lo van a estar la próxima semana, el próximo mes y en los siguientes años. Seamos sinceros. Por más buena voluntad que tenga el presidente Calderón las cosas no van a cambiar en este país tan complicado. ¿O acaso cree usted que México será diferente en el 2025 como lo tiene planeado SEDESOL y ya no habrá pobreza extrema? Esto podría ser si hoy con una varita mágica se cortara de tajo con las corruptelas y vicios que siguen cubriendo como una telaraña al país. Podría ser si los que tienen el poder para cambiar y crear leyes, senadores y diputados, se dejaran de sus estúpidos intereses partidistas y se decidieran mañana mismo a transformar la educación pública, hoy una vergüenza nacional, para así empezar a enriquecer cívicamente a los niños de nuestras escuelas primarias, a aquellos que hoy son “el futuro de México”. – Jaime Arturo Duarte