¿Tropezar dos, tres, cuatro veces… con la misma piedra?

Por Jaime Duarte 22/04/2008 10:02:00 a.m.
Se dice que “Errar es de humanos.” Sin necesidad de profundizar se entiende claramente que equivocarnos es parte de nuestra mortal naturaleza. Así ha sido siempre, desde tiempos inmemoriales. Además, por lo general, todos en este planeta cometemos el mismo error dos veces; esto es perdonable siempre y cuando las consecuencias no sean catastróficas y en base a esas experiencias aún se pueda corregir el rumbo de las cosas. También existen, aunque ustedes no lo crean, Homo Sapiens que aprenden con el primer golpe, sabios mortales que “no se tropiezan dos veces con la misma piedra.” Pero estos seres superiores encumbrados en lo más alto de corporaciones que hacen girar al planeta no son el punto de este tema.  Quien nos ocupa y nos preocupa es el Homo Habilis Tenochtitlis, un raro y nuevo espécimen que apareció hace quinientos años al sur del país hoy más poderoso del mundo, y que acostumbra tropezar con “la misma piedra” tres, cuatro, hasta cinco veces, o más. A diferencia de sus ancestros, los primeros europeos nómadas que para sobrevivir ante factores externos que amenazaban su entorno aprendieron a trabajar en equipo, el Tenochtitlis ha evidenciado ya, varias veces, su desagrado a la colectividad. Entre sus cualidades más sobresalientes están el ser gandalla, envidioso, deshonesto, irrespetuoso, y hambriento de poder, entre otras. La falta de compromiso con los demás y consigo mismo, así como carecer de sentido común y memoria, han frenado su desarrollo a través de la historia. Y la historia… la historia, señores, no miente. Después de la Conquista, en 1521, el Tenochtitlis vivió trescientos años bajo la dirección, protección, supervisión, y explotación física y mental del imperio español. Gracias a ello una parte de su enorme territorio se volvió productivo convirtiéndose en una fuente inagotable de riqueza para los Borbones de España. Por fin un día, desconocido aún por millones de ellos en la actualidad, el 27 de Septiembre de 1821, los Tenochtitlis lograron su emancipación de la corona española. Con este logro, acariciado por muchos de ellos durante los últimos once años, se abría la posibilidad de construir una nación ejemplar, justa sobre todo con aquellos que habían sido pisoteados durante tres siglos, una nación similar a la que años atrás, en 1776, habían empezado a edificar sus ambiciosos vecinos del norte.  Pero los Tenochtitlis, ya solos, sin la mano dura que los guiara, se negaban a trabajar unidos por un bien común y pronto se olvidaron de los ideales que los inspiraron en la creación de la joven nación. Empezaron las traiciones a presidentes, fusilamientos “legales”, asesinatos por militares, robos al erario, desacuerdos entre federalistas, liberales y conservadores, además, la separación de algunos estados se llevó a cabo. Todo eso, más la nula producción porque las ricas minas y otros centros de trabajo se encontraban abandonados por los años de guerra, y sin impuestos qué cobrar, dieron por resultado gobiernos quebrados que se vieron imposibilitados, en 1836, de defender un rico territorio llamado Tejas. Ni ese desastroso suceso hizo que los Tenochtitlis se unieran. Siguieron los desacuerdos, los engaños, la manipulación de una población ignorante para dividir al país, y los malos manejos con gobiernos exprés que seguían en la quiebra. Para colmo, en 1846 se formó un contubernio entre el traidor Antonio López de Santa Anna, la nefasta iglesia católica mexicana y el presidente expansionista de los Estados Unidos de América, James Polk, que separó de tajo el resto de los territorios al norte del Río Bravo. No ponerse de acuerdo y no estar unidos les costó la pérdida de medio país en el siglo XIX. Hoy, en el inicio del siglo XXI, a solo trece años del bicentenario de la independencia lograda en aquél lejano 1821, las cosas no son muy diferentes.Después de setenta años de estabilidad política con una dictadura de partido del cual surgía un nuevo Tenochtitli, “sabio gurú” quien sabía cómo debían vivir todos en el país, un “todopoderoso” cuyo dedo tomaba las grandes decisiones, finalmente llegó la incipiente democracia deseada por no muchos. Por primera vez una verdadera pluralidad se dio en el Congreso y por primera vez el presidente dejó de pensar y decidir por todos. Pero el vivir en democracia parece que fue contraproducente otra vez. Ahora que los Homo Habilis Tenochtitlis deben tomar democráticas decisiones sucede que, como en los primeros años de independencia, todavía siguen negándose a trabajar en equipo aún cuando los problemas y atrasos son muchos, muchísimos más que los existentes cuando la primer república. Si en aquél lejano México independiente la población era alrededor de cinco millones, hoy hay más de cien, con cuarenta millones de pobres y, según la delegada del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) en el Distrito Federal, Ingrid Tardán Ramos, “el rezago educativo afecta a más de treinta millones de personas.”  En un mundo cada vez más competitivo, naciones como China e India que antes estaban por debajo de México en muchos aspectos, hoy están “a la alza” y ya nos rebasaron. Obviamente todos esos millones de pobres y rezagados en educación perjudican y frenan al país al tratar este de ser más competitivo. En cambio, esos mismos millones benefician a muchos Tenochtitlis que viven del erario, de la política nacional y que siguen carcomiendo y dividiendo al país, como Andrés López Obrador, personaje nefasto, intransigente, cuya idiocia es evidente y el léxico muy limitado.

Este ser irracional que se hace llamar presidente legítimo de México, y su pandilla de rufianes del PRD, que hasta en sus elecciones internas se roban entre sí, son “la misma piedra” de los tropiezos anteriores. Y si estos nos costaron en el siglo XIX medio país, ahora en el siglo XXI, de forma diferente… ¿Perderemos el resto? – Jaime Arturo Duarte

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Comentarios

24/04/2008 01:53:39 a.m.

Roberto Rembao

Animo muchacho!Siempre he creido que escribir es de valientes y aun mas si creemos tener en claro nuestro pasado historico y aun mas el propio.
Te dejo una pregunta:Si en 1821 Espana reconocio la independencia de Mexico como republica,en que fecha nuestra nacion logro su independencia de su segundo conquistador?U.S.

Roberto Rembao us

24/04/2008 09:41:56 a.m.

Jaime Duarte

Bueno, Roberto, qué te puedo decir sobre tu pregunta de la independencia mexicana de los U.S...
Creo que nosotros mismos nos sujetamos, nos amarramos a esa dependencia de los norteamericanos desde que nunca aprendimos a dialogar entre nosotros mismos (de 1821 a la fecha) para decidir el mejor futuro del país. Si así hubiera sido desde un principio, otra sería nuestra situación actual.
Saludos,
Jaime Arturo Duarte

Jaime Duarte us

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