Niños

Por Jaime Jaramillo 24/04/2008 01:52:00 p.m.

A veces nos reímos  de la inocencia, la capacidad de asombro y autenticidad de un niño y creemos que son inmaduros y tontos, sin darnos cuenta que muchas veces entre mas viejos estamos mas tontos nos ponemos. Muchas veces actuamos fingiendo y perdemos nuestra autenticidad tratando de impresionar y de ser como los demás.  Parece que solo nos asombrara el poder, el prestigio, el dinero y la reputación. Enmascaramos el pasado y nos sentimos orgullosos de todas nuestras adquisiciones y conquistas. El ego hace que nos vanagloriemos del pasado exagerándolo, mitificándolo o distorsionándolo para conseguir la admiración de los demás. A veces ignoramos y despreciamos la opinión de los más jóvenes, porque creemos tener siempre la razón.

 

En una ocasión viajaban en un avioneta un gran científico, un monje  y un boy scout (niño explorador). De repente la avioneta empezó a perder altura  y el ruido de los motores se incrementó. El piloto sale de su cabina totalmente angustiado y les dice a sus tres pasajeros: “Tuvimos una avería en el tanque de gasolina y la avioneta en máximo 5 minutos se estrellará. Lamentablemente solo hay tres paracaídas; uno para mí que soy el piloto, y otros dos para que entre ustedes elijan quienes los usarán.” Rápidamente el científico, presa del miedo y la desesperación  agarró el morralito y justificando su actuación les dijo: “Yo soy un científico y el mundo necesita de mi inteligencia y mi contribución. Por lo tanto yo merezco salvarme.” Abrió intempestivamente la puerta del avión y se tiró sin escuchar la opinión de los demás. Mientras tanto el monje reflejando una gran paz interior  en su rostro, le dice al niño: “Yo soy un hombre viejo, ya viví lo que tenia que vivir. Estoy feliz porque ya realicé la misión a la que vine a este mundo; mientras que tú eres una criatura de Dios que hasta ahora está comenzando a vivir. Agarra tu paracaídas y sálvate.”  El niño totalmente asombrado abrió sus grandes ojos y le dice al monje: “ ¿Pero si quedan dos paracaídas, porque no utilizas el tuyo?”  Y el monje sorprendido responde: “¿Cómo así? ¿De que hablas?  ¿Acaso no ves que el científico ya utilizó el otro paracaídas y sólo queda uno?.  El niño sonriendo le contesta: “”El científico en medio de la confusión y de su egoísmo por salvarse, agarró sin darse cuenta mi morralito en lugar del paracaídas, se lo puso en la espalda y se tiró con él sin escuchar cuando traté de explicarle su equivocación.”

 

Cuando manejamos nuestra vida desde el ego, perdemos nuestra capacidad de observar y actuar inteligentemente ya que no podemos percibir con   claridad lo que nos sucede.

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Comentarios

25/04/2008 12:20:53 p.m.

Cesar Arellano

Es cierto, en ocasiones nos precipitamos a hacer cosas sin ni siquiera pensar en las acciones antes, por eso es bueno pensar adecuadamente en nuestros actos..

Cesar Arellano mx

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