Por Ernesto Partida Pedroza
Las grandes obras de la humanidad no son el resultado de la casualidad ni de la buena suerte, es producto de una buena planeación.
Las grandes pirámides de Egipto fue necesariamente bien planeada y después ejecutada.
El David de Miguel ángel fue primero concebida en la mente de Miguel Andel y después realizada en la realidad.
La sagrada familia fue primero concebida en la mente de Leonardo Da Vinci y después pintada.
El puente Golden Gate fue primero planeado por los arquitectos y hasta después llevado a su cristalización.
Ninguna de estas grandes obras fue haciéndose sin un plan rector.
De igual manera las grandes empresas se construyeron bajo una cuidadosa planeación en donde se toman en cuanta las necesidades y los recursos de la región en donde se establece.
Así como los individuos y las empresas logran sus propósitos bajo una planeación, también los países logran sus propósitos.
La grandeza de Estados Unidos, así como la de los grandes imperios se han logrado cuando se planea de forma meticulosa.
En Estados Unidos ha habido hombres y mujeres que se han dedicado a concebir los grandes proyectos que mediante el acuerdo con un gran número de personas los han cristalizado.
El proceso ha sido muy sencillo, alguien concibe una idea, la madura, la escribe y después la comunica a quienes tienen la posibilidad de cristalizarlo y se va haciendo un acuerdo, se comunica a otras personas y el acuerdo se va haciendo cada vez mas grande hasta que se pone a trabajar a mucha gente en el proyecto.
Un gran país necesariamente se compone de gente que trabajan en común acuerdo en muchos proyectos que se articulan unos con otros.
Las grandes ideas tienen la característica de que articulan a muchas personas y proyectos con otros y eso hace que no provoque las grandes resistencias para llevarlos a cabo.
Por desgracia esto no ocurre en México porque tenemos una educación que nos lleva al individualismo y en donde permanentemente nos estamos peleando unos contra los otros.
Somos incapaces de darnos los unos a los otros, para cualquier proyecto tratamos de sacar ventaja y si no lo vislumbramos, optamos por tra}bajar en forma aislada.
Es por eso que las sociedades fracasan porque siempre hay alguien que trata de sacar ventaja de las sociedades.
Tendemos a identificar al otro como un posible enemigo y optamos por combatirlo y el otro por igual nos identifica como su enemigo y es dinámica nos tiene en un conflicto permanente por lo que no podemos vislumbrar la construcción de un México diferente.
La mayor parte de la población tenemos una visión muy corta.
Si realmente queremos contruir una gran nación, primero necesitamos imaginarla, crearla my hace que esa visión sea nuestra guía.
La realidad es que no existe una idea del México que podríamos construir.
No existe un político ni un partido político que haya trabajado en la contrucción de una imagen de un México diferente.
En pocas palabras, no existe un proyecto de nación que una a todos los mexicanos y nos ponga a trabajar con un propósito común.
Toda sociedad sana ne3cesita un sueño por el cual trabajar, cuando no lo tiene el juego se convierte en luchar unos contra otros, como es el caso de México en el que se lucha partidos contra partidos y todos creen que lo hacen por el bien de México.
En ausencia de un proyecto de nación, ¿Qué es lo que le estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué juego les invitamos a jugar en la vida? ¿Qué esperanza les trasmitimos a nuestros hijos si nosotros los adultos nos la pasamos peleando unos contra otros? ¿Cuáles son los ideales por que les trasmitimos?