El pasado sábado
27 de Junio del año en curso a la 1:10 am sobre avenida Revolución y calle
Hidalgo (8va) me fue retirado el auto por una nueva ley en el reglamento de
tránsito de la ciudad de Tijuana, el artículo 18, el cual estipula no poder
circular con vidrios polarizados, la cual, al momento de ser implementada se
agregó, no aplicaría a turistas nacionales e internacionales circulando con
licencias de conducir de su ciudad o estado de procedencia, en este caso no fue
aplicada tal cual por que yo al ir
circulando con matrículas del estado de California de los Estados Unidos de Norteamérica
y licencia de conducir del mismo estado todo en regla, sin mencionar tan solo
que los vidrios del automóvil es un tinte especial aplicado en la agencia
llamado “anti-asalto”, otro punto en contra de lo estipulado por el reglamento
(se excluyen vidrios con polarizado de agencia)
Como turista y
con mi derecho de exigir que se lleven a cabo las reglas y leyes al pie de la letra,
asesorado por mi abogado de confianza, pedí ser presentado ante un juez para
que determinara si procedía el impedirme circular en mi automóvil, por la
tardanza del procedimiento determiné dejar las cosas como estaban para después
poner una queja ante sindicatura municipal, yo estando en la patrulla de
policía, sin necesidad, por no haber cometido crimen alguno, me fue negado el
poder bajarme del vehículo, me privaron de la libertad para presentarme ante el
juez en turno en fuerzas especiales (sobre periferia internacional) estando a
tan solo pasos de la delegación de policías en zona centro (calle 8).
El juez en turno
se negó a revisar el vehículo, petición que incluso era sin sentido pues el
automóvil se encontraba en grúas de la calle 10.
Esto es un claro
ejemplo del momento que vive la ciudad, de la mala organización entre
corporaciones e incluso entre departamentos gubernamentales.
Cómo pretenden
atraer el turismo a la ciudad tratando de esa manera a los visitantes, como
quieren regresar a la vida la tan famosa avenida Revolución aprovechándose de
su autoridad y limpiándose “aquello” con los derechos humanos.