Si queremos que los delincuentes que acabaron con la paz y el desarrollo de nuestra ciudad, no se mezclen entre nosotros y con ello pasen desapercibidos mimetizados como cualquier ciudadano, las personas comunes y de bien, hagamos todo lo posible POR NO PARECERNOS A ELLOS, aún en las situaciones cotidianas más sencillas.
¿Usted cree que un asesino suele respetar los altos, los semáforos o alguna regla de tránsito?, ¿qué un asaltante que se siente con el derecho de quitarle a otra persona con alevosía lo que con trabajo, esfuerzo y vida le ha costado ganar será tan considerado de hacer un alto de disco?, ¿será tan paciente de esperar en su carril correcto para darse la vuelta así sea un paso tan saturado que deba esperar varios semáforos?, ¿imagina que una persona que cambia poder y dinero por la vida de otro será tan cortés que cederá el paso a un peatón?, yo supongo que no, generalmente nuestros agravios van de menor a mayor, no viceversa...
Ni siquiera creo que un delincuente trate de pasar desapercibido preocupándose de respetar esas reglas, pues si antes ya cualquiera lo podía hacer aún pasando junto a un policía, en estos momento por esta situación de continuas agresiones hacía ellos menos, no hay quien atienda la educación vial o ponga infracciones, pues lamentablemente los policías están en continuo riesgo y lo preventivo a quedado en el rezago ante la urgencia de conservar la vida, aunque hay que asentar que esta anarquía vial empezó mucho antes de esta situación, ya nos había tocado ser testigos de cómo los policías acechaban sólo a los turistas con placas de Estados Unidos, y podíamos ver sorprendidos pasar un vehículo a toda velocidad cuando el semáforo ya estaba en rojo, y observar alguna patrulla muy cerca que no se percataba del hecho, o no se quería percatar... fueron semillas para estos frutos malos que hoy padecemos...
Si los ciudadanos comunes seguimos en este juego de anarquía al conducir portándonos igual, estamos abonando a que malos y buenos nos mimeticemos, hay cruceros que en horas pico pareciera que todos estamos huyendo, donde no se alcanza a notar a un ciudadano que no lleve prisa, sin duda lo hay, pero atrapado en el caos que causa la mayoría, unos por su neurótica prisa, otros por su prepotencia, otros por débil imitación, otros vergonzosamente abusando de que conocen al amigo de un amigo de otro amigo de un tal amigo de un funcionario, algunos aterrados de estar expuestos en esta zona de guerra que es la vía pública que no respeta niños o mujeres y unos más para salir del caos en que quedan atrapados, pues de otra manera ahí estarían varados hasta que bajara el tráfico, o la mala energía de los insultos que le externen por no moverse a toda prisa lo empujen de ahí...
¿Cuánto trabajo nos cuesta hacer una fila?, y más si observamos como otros se avientan, se meten, se atraviesan, sin consecuencia alguna, pero tal vez pudiera frenarnos el decidir con dignidad y firmeza no parecernos a ellos, no abonar al caos que se vive en esta ciudad, aun cuando sepamos que no lo hacemos por miedo a una sanción, sino por convicción propia, cruceros que sean uno y uno, entre gente civilizada, que respeta al otro como así mismo, si va acompañado de sus hijos sabrá que el niño aprenderá de esa actitud sana de convivencia, esperar nuestro turno, que si va solo, es decir consigo mismo, se sienta digno de saber que nosotros destacamos entre los que con egoísmo e irresponsabilidad abonan al desorden que nos invade.
Y el peatón, que en fuerza esta en desventaja con el que va en un vehículo, pero NO ES COMPETENCIA, así que no es carro contra transeúnte, son personas en un intercambio, uno espera, uno pasa, ambos en pleno derecho. Es educación, consideración, humanismo, para dejarlos atravesar la calle, no es un favor, es un derecho civil caminar y circular, respetando la zona peatonal, dándole su tiempo y no ir echándole el carro, dar las vueltas haciendo un alto preventivo, no continua corriendo el riesgo de lastimar a alguien. Es de sentido común. Es un sencillo acto de humanidad.
Y esto se incluye a todo, a esperar nuestro turno en una dependencia, y no llegar buscando al conocido y para colmo el conocido prestándose a atendernos primero, a que no nos recomienden para un trabajo en el que no competimos para lograrlo, que nos aparten lugar en las mejores escuelas, se que son costumbres muy arraigadas para gran parte de la población, ya son cultura, pero si somos honestos con nosotros mismos, bien vale la pena cambiarla, porque toda esa corrupción, nepotismo, amiguismo y prepotencia ha desembocado en mucho de lo que hoy estamos viviendo, se salió de control, y ahora no confiamos en las instituciones, vivimos en hogares hechos búnker, desconfiamos de todos, en consecuencia otros desconfían de nosotros, y con este caos y violencia solo estamos viviendo tiempos más difíciles, estrés, frustración, decepción y hasta depresión, y lo más injusto, heredando esto a los niños y jovencitos.
Respetar las reglas de convivencia en espacios públicos, tanto en las calles como donde se atienda por un orden en dependencias y negocios, mostrando cortesía, paciencia y respeto, puede considerarse una RESISTENCIA PACIFICA ante tanta violencia, que se note la diferencia.